jueves, 28 de abril de 2011

ASESINATOS DE SOBREMESA, cuento, por Viviana Claudia Giménez®


Asesinatos de sobremesa
cuento, por Viviana Claudia Giménez®

Sólo se trataba de una conversación más durante la cena en el comedor estudiantil.  ¿A quién podría haberle interesado esta charla?  Cualquiera que hubiera pasado por ahí habría pensado, ay, Dios mío, ¿de qué estarán hablando?  Allí siempre era difícil darse cuenta de cuál era el tema de conversación.  Todo y nada.  Uno por vez, todos al mismo tiempo.  Era fácil para mí escabullirme de mi cuerpo como de costumbre y mantenerme lejos de esa mesa, de ese comedor, de esa facultad, de ese pueblo, tal vez hasta de ese país.
- ¿Oyeron hablar del caso Susan Smith? 
Bueno, ahora la conversación prometía un poquito más.  Nos pondríamos a discutir casos criminales y amarillentos.
- Sí, la mamá asesina.
- ¡Pobre Susan, cómo la han criticado!
- ¿Qué querés decir con eso de “pobre Susan”?
- Bueno, lo que quiero decir es que la comprendo totalmente.  Se volvió loca.  A cualquiera le puede pasar.
Yo también podía entender eso.  Especialmente ahora que mis ovarios se empeñaban en torturarme y mis hormonas parecían rebotar contra las paredes.  ¿Por qué no es suficiente con la menstruación? ¿Por qué también tenemos ese maldito período premenstrual?
- Lo que pasó fue que el novio la dejó, tal vez porque no soportaba a sus dos hijitos, entonces ella se puso mal, quizás se enojó mucho con sus chiquitos, y no hay nada peor que manejar cuando estás muy enojada.  Tal vez pensó en matarse y llevarse a sus hijos con ella, porque no soportaba la idea de dejar a sus chicos sin la mamá, y tal vez paró justo frente al lago... 
- Bueno, te lo pensaste todo, ¿eh?
- Sólo trato de ponerme en su lugar.  Se detuvo frente al lago, sabiendo que una vez en él ya no pensaría más, dejaría de ser infeliz. Su padrastro había abusado sexualmente de ella, además, ¿sabían, no?  Y luego, fue sólo un impulso, pisó el acelerador, y cuando estuvo bien, bien, cerca, tan cerca que le hubiera resultado imposible frenar, entró en pánico, abrió la puerta y saltó. Fue el instinto más primario, el de supervivencia.  Para su horror, el auto, que ahora parecía conducido por un fantasma o por la muerte misma, se hundió en el agua con sus dos hijitos dentro.  ¡Se debe de haber vuelto totalmente loca! Así fue que inventó esa historia del hombre negro que le había secuestrado el auto con los chicos adentro y todo eso.  Siento lástima por ella, supongo.  Es fácil para todos criticarla porque es una madre y mató a sus dos bebitos pero tenés que entender por qué una madre haría una cosa semejante.  Ella no está totalmente loca, sólo tuvo un momento de locura.
De ahí en adelante seguimos hablando de delincuencia en general, pero más específicamente de asesinatos.
- Podrías cometer el asesinato perfecto y nadie lo sabría.
- ¿Qué querés decir?  ¿Creés en el asesinato perfecto?
- ¡Seguro que sí!  Fijate, si atrapan a los asesinos es porque tenían un motivo.  Tienen una coartada débil y encima los agarran porque se envalentonan, vuelven a hacer otra vez lo mismo y de igual manera: terminan corriendo riesgos y al final los detienen. Mientras que si hoy vos vas al otro lado de la ciudad y matás a un perfecto desconocido, nadie se va a enterar: no hay motivo.
Todos en la mesa quedamos en silencio.  Supongo que nos preguntábamos si este tipo hablaba en serio.
- ¿Habla la voz de la experiencia?
Se rió muy fuerte.
- ¡Claro que no! Digo esto para que tengan algo en qué pensar esta noche ...
Cualquiera hayan sido sus motivos para decir lo que dijo, la verdad es que nos llenó la cabeza a todos los que estábamos sentados a esa mesa.  A tal punto que al día siguiente se supo de cuatro asesinatos en la ciudad.  La noche anterior habíamos sido cinco a la mesa.
Yo no puedo hablar por los otros, sólo de mí.  Y para mí esa charla fue todo un desafío que me hizo llevar adelante el plan.  Tomé la guía telefónica, elegí a una perfecta desconocida, anoté la dirección, hice una llamada desde un teléfono público, averigüé un par de cosas sobre la rutina de esta persona, fingiendo que trabajaba para la compañía de electricidad, y cuando me aseguré de que vivía sola, procedí.  No sé lo que hicieron los otros, pero la noche siguiente la mesa estuvo más que silenciosa.  Supongo que todos nos sentíamos implicados en un mismo, cuádruple asesinato, y que además había entre nosotros una mutua compasión.  Tal vez porque, después de todo, se había cometido el crimen perfecto.  ¿O no?

2 comentarios:

  1. Yo creo que no existe el crimen perfecto. Es sólo una cuestión de tiempo para que se descubra.


    Besos!!

    PD. Me acuerdo del caso: la tipa dijo que había sido un "hombre negro" el delincuente. Faltó que dijera que era latino o paquistaní...

    PD. De quién es la foto?? La he visto antes...

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  2. En nuestro país hubo muchos crímenes hasta ahora perfectos (ya sé, vos decís que es una cuestión de tiempo y tal vez no lleguemos a verlos resueltos o castigados): la dra. Gubileo? muchos crímenes de la dictadura? Julio López? Y hay muchos de ficción, pero bueno, claro, es ficción...

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