miércoles, 13 de abril de 2011

BENDITA CONSTITUCIÓN, cuento, por Viviana Claudia Giménez




LA CONSTITUCIÓN

Diálogo que se escuchara subrepticiamente a través de ciertas puertas bajo llave, el día ... del ... en ..., Argentina, durante la reforma constitucional (o “Se nos perdió un artículo, se nos perdió”)


            - No está.
            - ¿Cómo que no está?
            - No está, se perdió, qué sé yo.
            - ¿Cómo se va a perder? Algo así no puede perderse.
            - Bueno, andá a buscarlo vos, entonces, yo no lo encuentro. Pierini lo estuvo buscando toda la noche, Sánchez también, las secretarias...: no-es-tá, ¿la entendés o no la entendés?
            El país acababa de vivir la emoción de ser testigo de un hecho histórico sin precedentes, un momento de transcendencias indecibles para el destino de La Patria. En lugar histórico, se habían reunido los constituyentes, a la manera de esos señores-próceres-respetables de los textos escolares, para reformar La Constitución. No es que La Constitución estuviera mal hecha, no señor, todos nos inclinamos ante ella con devoción ciega después de que nos la pretendieron negar una y otra vez bajo sucias dictaduras a golpe limpio de machete. Pero la pobre estaba un poquito escashiata, no se olviden de que databa de 1853, y a pesar de unos pocos, míseros cambios aquí y allá en algunos momentos históricos pseudo-revolucionarios, seguía un tanto viejita para esos tiempos en que se nos pretendía ubicar en el tan mentado primer mundo.
            Pero ahora que al fin se había trabajado aunadamente y con tesón, ahora que se había hablado al menos de ciertos derechos y que se habían desempolvado viejos artículos, ahora que todo parecía estar concluido, ahora esto:
            - No encuentro el artículo 54 bis.
            “¿Lo qué?”, se oyó decir por ahí. ¿Qué es eso de que no encuentran un artículo? Alguien tendrá un archivo en la computadora. ¿Se olvidaron de guardarlo? ¿No andaba la fotocopiadora y el único texto quedó en el portafolio ese que le robaron al Senador Pantinflas? ¿Buscaron en los tachos de basura? ¿En los cestos de papeles?¿En las heladeras con los sobrantes de las pizzas que pidieron por teléfono mientras laburaban, en los bolsillos descosidos de los sobretodos, en las servilletitas de café donde garabateaban pitos y tetas mientras discutían los derechos y deberes de la Nación?
            - Yo creo que lo mejor va a ser no decir nada. Hacemos esto, mirá, ponemos “Artículo en Preparación”, o “Artículo Sujeto a Modificaciones”, o...
            - O nos lo salteamos, ¿quién se va a enterar? Si era un “bis”, de todos modos....
            - ¿Te parece? ¿No será medio zarpado?
            - Mirá, flaco, sí. . . ¿de qué se trataba, después de todo? ¿no era ese del derecho de los indios? ¿y cuántos indios hay? ¿quién se va a quejar?
            - ¿O era el de los derechos de los homosexuales?
            - Bueno, más a mi favor, todavía, ¿qué importan los trolos? ¿qué, ahora por pervertido vas a tener derechos, encima? -. (Risas generales)
            - Yo creo - acotó un tercero - que era el derecho de los animales perdi . . . ¿o era el de los chicos de la calle? ¡Ay, mirá, no sé, se me hace un lío! ¿Para qué habrá tantos derechos?
            Finalmente decidieron que sí, que no importaba, que quién se iba a enterar de todas formas. Los chicos repetirían el preámbulo y algunos de los artículos hasta el hartazgo en el colegio, sin pensar; los militares algún día volverían a cagarse en la bendita Constitución; los actuales funcionarios sólo la quer’an para quedar bien y que se viera que estaban haciendo algo; y lo más importante, el Jefe Mayor la quería por ese solo artículo que permitiría su reelección indefinida hasta el fin de los días (¿del pueblo?). Bueno, al menos hasta el fin de sus días. 
            Y, como siempre, la vida siguió igual: Febo siguió asomando por el mismo lado, los colectivos siguieron su ruta, y la gente continuó con sus rutinas que se ne fregan en La Constitución que está Allá en Lo Alto.

2 comentarios:

  1. Un cuento de la época de la Rata... cómo se olvida de todo la gente...
    Besos!

    PD. Cuánto hace que no leía la palabra "escashiata"..!! Se nos cayeron una sotas...

    ResponderEliminar
  2. Sí, un cuento escrito en esa época...
    "Escashiata"....Cuando te falte vocabulario de este tipo, te invito a tomarte unos mates con mi vieja!

    ResponderEliminar