LA CONSTITUCIÓN
Diálogo que se escuchara subrepticiamente a través de ciertas
puertas bajo llave, el día ... del ... en ..., Argentina, durante la reforma
constitucional (o “Se nos perdió un artículo, se nos perdió”)
- No está.
- ¿Cómo que no
está?
- No está, se
perdió, qué sé yo.
- ¿Cómo se va a
perder? Algo así no puede perderse.
- Bueno, andá a
buscarlo vos, entonces, yo no lo encuentro. Pierini lo estuvo buscando toda la
noche, Sánchez también, las secretarias...:
no-es-tá, ¿la entendés o no la entendés?
El país acababa
de vivir la emoción de ser testigo de un hecho histórico sin precedentes, un
momento de transcendencias indecibles para el destino de La Patria. En lugar
histórico, se habían reunido los constituyentes, a la manera de esos señores-próceres-respetables
de los textos escolares, para reformar La Constitución. No
es que La Constitución
estuviera mal hecha, no señor, todos nos inclinamos ante ella con devoción
ciega después de que nos la pretendieron negar
una y otra vez bajo sucias dictaduras a golpe limpio de machete. Pero la pobre
estaba un poquito escashiata, no se olviden de que databa de 1853, y a pesar de
unos pocos, míseros cambios aquí y allá en algunos momentos históricos
pseudo-revolucionarios, seguía un tanto viejita para esos tiempos en que se nos
pretendía ubicar en el tan mentado primer mundo.
Pero ahora que
al fin se había trabajado aunadamente y con tesón, ahora que se había hablado
al menos de ciertos derechos y que se habían desempolvado viejos artículos,
ahora que todo parecía estar concluido, ahora esto:
- No encuentro
el artículo 54 bis.
“¿Lo qué?”, se oyó decir por ahí. ¿Qué es eso
de que no encuentran un artículo? Alguien tendrá un archivo en la computadora.
¿Se olvidaron de guardarlo? ¿No andaba la fotocopiadora y el único texto quedó
en el portafolio ese que le robaron al Senador Pantinflas? ¿Buscaron en los
tachos de basura? ¿En los cestos de papeles?¿En las heladeras con los sobrantes
de las pizzas que pidieron por teléfono
mientras laburaban, en los bolsillos descosidos de los sobretodos, en las
servilletitas de café donde garabateaban pitos y
tetas mientras discutían los derechos y deberes de la Nación?
- Yo creo que
lo mejor va a ser no decir nada. Hacemos esto, mirá, ponemos “Artículo en
Preparación”, o “Artículo Sujeto a Modificaciones”, o...
- O nos lo
salteamos, ¿quién se va a enterar? Si era un
“bis”, de todos modos....
- ¿Te parece?
¿No será medio zarpado?
- Mirá, flaco,
sí. . . ¿de qué se trataba, después de todo? ¿no era ese del derecho de los indios? ¿y cuántos
indios hay? ¿quién se va a quejar?
- ¿O era el de
los derechos de los homosexuales?
- Bueno, más a
mi favor, todavía, ¿qué importan los trolos? ¿qué, ahora por pervertido vas a tener derechos, encima? -. (Risas
generales)
- Yo creo - acotó
un tercero - que era el derecho de los animales perdi . . . ¿o era el de los
chicos de la calle? ¡Ay, mirá, no sé, se me
hace un lío! ¿Para qué habrá tantos derechos?
Finalmente
decidieron que sí, que no importaba, que quién se
iba a enterar de todas formas. Los chicos repetirían el preámbulo y algunos de
los artículos hasta el hartazgo en el colegio, sin pensar; los militares algún
día volverían a cagarse en la bendita Constitución; los actuales funcionarios
sólo la quer’an para quedar bien y que se viera que estaban haciendo algo; y lo
más importante, el Jefe Mayor la quería por ese solo artículo que permitiría su
reelección indefinida hasta el fin de los días (¿del pueblo?). Bueno, al menos
hasta el fin de sus días.
Y, como
siempre, la vida siguió igual: Febo siguió asomando por el mismo lado, los
colectivos siguieron su ruta, y la gente continuó con sus rutinas que se ne
fregan en La Constitución
que está Allá en Lo Alto.
Un cuento de la época de la Rata... cómo se olvida de todo la gente...
ResponderEliminarBesos!
PD. Cuánto hace que no leía la palabra "escashiata"..!! Se nos cayeron una sotas...
Sí, un cuento escrito en esa época...
ResponderEliminar"Escashiata"....Cuando te falte vocabulario de este tipo, te invito a tomarte unos mates con mi vieja!