Como en un cuadro de Frida Kahlo
por Viviana Claudia Giménez®
Una mujer se tira por el balcón de
un piso doce. Estrellarse contra el
suelo se le hace mucho más rápido de lo esperado, si es que algo se espera en
un suicidio. Porque la esperanza es
justamente lo que no nos lleva a todos a tirarnos de un piso doce.
Se cae y es rápido, es verdad. Sin embargo, nunca le pasó tanto - siente,
piensa - en un tiempo tan corto. Si
hubiera imaginado que matarse significa que te pase algo, lo habría hecho mucho
antes. Cae y los grandes momentos de su
existencia se le agolpan en la mente, era cierto después de todo que la vida se
presenta ante los ojos del moribundo como en un film segundos antes de la
muerte. Se ve a sí misma: feliz y
trágica, joven y vieja, vestida y desnuda.
Menos mal que estaba muriendo, único modo de tomar conciencia de los
hitos de su vida, su historia se le hace un apunte donde alguien resalta lo que
realmente interesa en un amarillo fosforescente.
Pero todo pasa, y nada queda. Ahora es el suelo, incosciencia y su ruta.
¿Qué queda cuando no queda nada?
¿Qué es ese cuerpo cuando la vida se le escapa? Tiene que llegar ese instante
para ver que ese cuerpo en realidad nunca fue mucho, menos ahora que lo tapan,
lo embolsan y adentro, a la ambulancia, pero una de esas sin sirenas ululantes
ni urgencia de llegar a ningún lado porque total.
Es un cuerpo pelado, y vano todo lo
que hiciste. Desde el desayuno de esta
mañana hasta el título de psicóloga colgado en la pared. Tus meandros laberínticos para tomar decisiones,
tu orgullo y tus perdones, un rencor y algún que otro amorío por ahí. Todo es nada.
And yet, and yet . . . Algo se zafó al pincharse ese cuerpo que se desparramó contra
las baldosas de octubre. Algo vaga por
ahí, algo mira y cuenta esta historia.®
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